Desescolarización Mental

 


Hoy quiero hablar de, probablemente, el mayor reto que enfrentamos los que elegimos el camino de “unschooling” o educación autónoma o como sea que lo quieran llamar. Pero básicamente me refiero a los que hemos decidido seguir los intereses de nuestros hijos y que sean ellos los que sean los autores y responsables de su educación. Me refiero a todos los que no llevamos un currículum establecido, sino que nos enfocamos en que nuestros hijos aprendan del día a día, de la vida en sí y de las experiencias que viven mientras van forjando su propio camino descubriendo sus pasiones y talentos y la mejor forma de ponerlos al servicio de la sociedad.

¿Cuál es ese reto del que les hablo? La desescolarización mental que necesitamos lograr, principalmente los adultos, ya que nosotros somos los que tenemos la mente más escolarizada por la forma en que fuimos formados y educados. Sin embargo, también hay algunos niños que han estado en la escuela y que, por lo tanto, también necesitan desescolarizar su mente, principalmente para recuperar esa autonomía, curiosidad y ese amor por aprender.

Pero hablemos en estos momentos de los adultos. A nosotros se nos enseñó que el aprendizaje se veía de esta forma: maestros que enseñan en una clase, libros de texto, hojas de trabajo, exámenes, ensayos, horarios matutinos para aprender, tareas, seguir y obedecer instrucciones y estructuras externas, diplomas, notas, etc. Así que a nosotros nos cuesta comprender que eso NO es realmente aprendizaje. Eso es adaptarse a un sistema que tiene ciertos requisitos que debemos cumplir para poder pasar los grados, satisfacer a nuestros maestros y padres y obtener un título al final del trayecto. ¿Eso quiere decir que estoy diciendo que en la escuela no se aprende nada? No estoy diciendo eso en absoluto. Claro que hay aprendizajes, pero la escuela es únicamente una herramienta que nos puede dar insumos para realmente aprender lo que nos interesa. La mayoría de información que recibimos en la escuela es memorizada y regurgitada en los exámenes y tareas para satisfacer al sistema, sacar buenas notas y pasar los grados. Pero no es aprendizaje real, ya que el aprendizaje real viene desde un interés interno por conocer algo que nos llama la atención y desde allí es que esos aprendizajes quedan de por vida y nutren el alma.

Así que lo que sucede con nuestra mente escolarizada es que no puede ver tan fácilmente que el verdadero aprendizaje de un niño ocurre, en la mayor parte, fuera de lo académico. Estamos tan acostumbrados a relacionar el aprendizaje con lo académico que nos cuesta darnos cuenta que los niños están aprendiendo en todo momento en cualquier actividad que están realizando. Pensamos que si no hay un maestro enseñando no es posible que el niño aprenda. Pensamos que si no obligamos a los niños a ir a la escuela y sentarse en un escritorio para escuchar a un profesor hablar, no van a aprender y van a ser un fracaso en su vida. Pensamos que si no están sentados haciendo hojas de trabajo, no están aprendiendo nada. Pensamos que la única forma de verificar si un niño está aprendiendo es a través de un examen que lo único que hace es medir que tan bueno es un niño para memorizar información y plasmarla en una hoja de papel o en una computadora en un momento determinado.

Cuando nosotros decidimos salir del sistema de educación tradicional y después de haber leído varios libros y artículos sobre “unschooling”, estábamos convencidos de que realmente era la mejor forma en que nuestras hijas se podían educar. Sin embargo, nos ha costado relajar el deseo de controlar y replicar la escuela en casa. ¿Porqué? Porque es la única forma que hemos conocido y fue en la forma en que nos formaron a nosotros. Así que nuestra mente se empezaba a inquietar cuando las niñas no estaban sentadas en un escritorio haciendo matemáticas o leyendo un libro o escribiendo oraciones o ensayos o viendo documentales de ciencias naturales o de ciencias sociales. Nuestra expectativa era que las niñas quisieran aprender sobre ortografía o el funcionamiento de la célula o resolver ecuaciones algebraicas, pero eso no necesariamente iba a ser así. La mayoría de los niños quiere divertirse y lo más maravilloso es todo lo que aprenden mientras se divierten. Pero a nuestra mente escolarizada le cuesta ver eso y darse cuenta que el aprendizaje sucede siempre.

Pronto nos dimos cuenta que intentar replicar la escuela en casa o intentar enseñarles algo que nosotros considerábamos que debían saber (clásico de la mente escolarizada) nos estaba alejando de ellas y estábamos siendo contradictorios en lo que como familia habíamos decidido. Para no hacérselas largas, cada intento que semeja algo de la escuela resulta en fracaso. Ha sido todo un reto dejar ir nuestra mente escolarizada y darnos cuenta de las maravillas que aprenden y logran cuando no se les imponen las cosas.

Para nuestra tranquilidad iniciamos a llevar un “diario” de las actividades que ellas realizan y que realizamos como familia y es increíble cuando nos ponemos a desglosar todos los conocimientos y aprendizaje que sucede en las diferentes cosas. Aprenden desde expresión visual y dibujo, hasta política y ciencias sociales, pasando por redacción, ortografía, inglés, geografía, historia, etc. Y todo esto sin libros de texto, ni maestros, sino siguiendo sus intereses, jugando y explorando. Pero lo más maravilloso no son los conocimientos que obtienen, sino el desarrollo de las habilidades blandas (como se les llama) que les ayuda a formar el carácter y fortalecer su autonomía y capacidad de resolución de problemas. Por supuesto que el involucramiento de nosotros como padres es clave para poder exponer a nuestros hijos a muchas situaciones, experiencias, personas, información, herramientas, etc. que nuestros hijos pueden aprovechar para expandir su mente y enriquecer e ir encontrando su camino.

Es importante dejar atrás la idea que la escuela es la única forma en que los niños pueden aprender. Es importante dejar de pensar que solo se puede aprender si se lleva una clase de algún tema en particular. Debemos despedirnos de la idea que la educación solo puede verse de la forma en que nosotros aprendimos. Durante siglos la educación ocurría fuera de las escuelas. La escuela como hoy en día la conocemos tiene apenas alrededor de 150 años de existir y fue creada con objetivos que hoy en día ya no aplican. Dejemos atrás nuestra mente escolarizada y empecemos a ver las maravillas del autoaprendizaje y la educación libre. Démonos cuenta que hay otras formas de aprender y que cada quién tiene derecho a elegir la forma en que desea educarse.

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